UN CUENTO PELOTERO "Lacayotes PitucosClub" - Escuela de Béisbol

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martes, 20 de julio de 2021

UN CUENTO PELOTERO "Lacayotes PitucosClub"



(Pituco: Que pertenece a una clase social alta y da muestras de ello en su vestimenta y aspecto exterior).
 
La tarde del lunes en que Javier por fin se decidió participar de nuestros entrenamientos y formar parte de nuestro club de béisbol, no era la mejor tarde, el entrenador estaba molesto por nuestra ultima derrota y nosotros estábamos dolidos porque una cosa era perder y otra perder contra nuestro mayor rival, los Lacayotes "pitucosclub" como nos gusta llamarlos, unos chibolos huevones de familias mas adineradas que las nuestras, presumidos, no les habíamos ganado un solo partido en lo que llevaba la temporada, es más, nadie les había ganado, lideraban la tabla de la liga distrital con holgura, era el único equipo al cual sus padres iban a alentarlos con pancartas y bocinas, mis padres trabajaban los fines de semana al igual que los padres de mis compañeros, así que el único aliento que recibíamos era el nuestro, pero a pesar de ello estábamos disputándonos la final del campeonato, si nos ganaban el próximo juego se llevarían por cuarta vez el campeonato distrital.


En fin, Javier se animo ese día después de muchas invitaciones que le hacíamos mientras jugábamos fulbito en el barrio. Un poco temeroso Javier se acerco al entrenador que lo miró y escucho con muy poco interés. El entrenador era un tipo buena gente pero serio y rudo, mientras tenga un equipo completo no le importaba tener más jugadores, los que permanecíamos éramos "los mas fuertes y los que mas amábamos nuestro deporte", eso nos decía el. Mientras realizábamos el calentamiento yo observaba a Javier hablando con el entrenador mientras el escuchaba con la mirada atenta en nosotros, y Javier se esforzaba porque este lo escuche ya que parecía ignorarlo olímpicamente. Fue entonces cuando lamenté no haberle advertido a Javier sobre el carácter de nuestro entrenador, pensé que si le anticipaba que tenia un trato algo tosco lo desanimaría y no se atrevería a hablarle.




Nos fijamos en Javier porque era rápido para el fútbol y aunque de baja estatura era de brazos fuertes pues también ayudaba a su papá en construcción. Pensamos que sería un buen aporte para la final contra los Lacayotes "pitucosclub" el próximo fin de semana y así sentábamos a Pepe el más pequeño del equipo que no sumaba mucho a nuestras victorias. Lamenté no haberle comentado al entrenador sobre las habilidades deportivas de Javier. En un descuido vi al entrenador solo y ya no divisaba a mi amigo por ningún lado.

La semana estaba cargada, sabíamos que no teníamos oportunidad contra los Lacayotes, vivíamos las vísperas de una humillante derrota por parte de un equipo que no sabia perder y tampoco ganar.

Entrenamos duro toda esa semana, comimos lacayote (calabaza) todos los días como cábala y motivación. 

El domingo llegó, y vimos llegar al campo a los Lacayotes, impecables, todos altos y del mismo tamaño como si se hubieran puesto de acuerdo para crecer todos al mismo tiempo, estrenando una gorra diferente, mientras nosotros estábamos con las mismas gorras de hace dos años y descoloridas por el sol.

El primer turno al bat era Alfredo, el hijo del contador del barrio, conecto un imparable y se posiciono en tercera base, el siguiente, Antony de cabello dorado y rizado, su padre estaba en Estados Unidos y todos los meses le mandaba pelotas, bats, camisetas de los Yankees, y tarjetas de béisbol que el solo repartía e intercambiaba con sus amigos, su mamá no tenia necesidad de trabajar, el sacó la pelota del campo, el siguiente, Oswaldo el hijo del regidor con 3 bolas y 2 strikes pego una roleta por el jardín derecho que a Pepe se le paso por entre las piernas y le permitió llegar hasta segunda base, el cuarto al bat para sorpresa nuestra era Javier mi amigo, ahora era un odioso Lacayote, le lancé mi mejor tiro el mas fuerte, pegado y cerca al plato, el abanicó y fue un certero strike el cual celebré sobando la punta de mi nariz con mis nudillos, le vendí el mismo lanzamiento y el volvió a comprarlo y yo repetí mi festejo, quise humillarlo vendiéndole el mismo lanzamiento, pegado y cerca al plato, pero el dio un paso atrás y conecto un jonron, la pelota se fue del campo, en ese momento miré con mucha rabia al entrenador, que con un gesto amargo se secaba el sudor de la frente.

El partido finalizaba y la cábala de comer lacayote toda la semana no estaba resultando, mi brazo estaba cansado, lo masajeaba mientras miraba en los rostros de mis compañeros tristeza y frustración, porque a pesar de dar lo mejor de nosotros, no nos estaba alcanzando para ganarles a los Lacayotes.

El partido transcurría con el marcador en nuestra contra y a pesar de nuestra posible derrota vimos a Pepe batear un par de veces y llegar a home, cosa que no pasó en toda la temporada. Lucho tuvo unas atajadas de grandes ligas en el jardín central, a lo Mookie Beets, Memo le robo home a Pablo el catcher estrella de Lacayotes, yo al mismito estilo de Julio Urías ponché a los mejores bateadores y conecté un jonron en la quinta entrada con las bases llenas e hice que Marcelo el pitcher se eche a llorar como una niñita, una actitud que al parecer avergonzó a Luciana, la niña mas bonita del barrio que después de ver la vergonzosa escena de Marcelo bajó el cartel que decía "Vamos Lacayotes" y desvío su mirada hacia mi, mientras yo corría con los brazos en alto y saludando a mis compañeros que festejaban mi batazo desde las bancas.

Las entradas fueron parejas, pero al final el marcador terminó 12 a 9 a favor de los Lacayotes “pitucosclub”, pero ese partido lo jugamos como ningún otro. Los Lacayotes nos restregaban en nuestra cara su victoria por lo que casi le rompo la cara a Marcelo para que vuelva a llorar como una niñita pero Memo me detuvo, déjalo es una marica, me dijo. ¡Nosotros nunca hacemos eso cuando ganamos! -le dije- ¡también hay que saber ganar maricón! -le grité, mientras Memo y Lucho me sujetaban de los brazos para que no le rompa su cara de muñeca.

Mientras el profesor guardaba los materiales, me acerqué a el con rabia y con mis ojos cargados de las lagrimas amargas de la derrota y con una voz fuerte que se me quebró al final, le pregunté por qué no acepto a Javier en el equipo, que con el seguro que ganábamos, el me miró y siguió guardando los cascos y los bats sin responderme, mientras yo me sentía ignorado esperando su respuesta, pensando si tendría que irme sin ella, cuando entonces se levantó y me dijo:

-No llores Ricardo, tu no eres como ellos, ¿tu sabes cuantas finales perdí en mi vida? tu tienes 12 años y esto esta empezando para ti y para tus compañeros. Podemos traer a los mejores jugadores y salir campeones, y lo haríamos sin Lucho, sin Pepe, sin Memo y hasta sin ti -dijo con mucha calma- si Javier jugaba sentaba a Pepe y probablemente ganábamos, pero seria injusto para Pepe, que después de esforzarse en cada partido, hubiera terminado el campeonato sin llegar a home y en la banca, Javier tiene talento y Pepe tiene corazón, yo quiero jugadores con corazón, con ganas de ser mejores. No se trata de ganar a toda costa, darle la espalda a tus compañeros y descuidar así la estructura del club, quebrar los vínculos de la amistad, y traicionar la confianza de tu equipo, porque aunque nadie es indispensable, todos, absolutamente todos son importantes, porque cuando se trabaja por intereses egoístas disfrazados de un “es mejor para el equipo” el equipo se va enfermando hasta que llegado el momento se pudre, muere y desaparece, ganar es importante, ganar en el campo es muy importante, pero ganar personalidad y carácter en cada competencia y divertirse en el proceso no se compara con nada, porque en ese momento el deporte fue mas allá de una actividad de competencia física, para convertirse en un estilo de vida donde el bien común, el respeto, la humildad, estarán vigentes toda y  en cada área de tu vida, para mi ustedes son importantes y marcan la diferencia en todo, saben ganar y saben perder, conocen a que sabe la derrota y conocen a que sabe la victoria, saben ganar con humildad y saben perder de la misma manera, se necesita carácter de campeón para reconocer las derrotas como los puentes que llevan a la victoria, para eso entrenamos, yo no entreno perdedores, yo entreno y dirijo ganadores que pelean finales hasta ganarlas en el campo y fuera de el. Hoy ustedes crecieron, ellos no, ellos ganaron un partido, ustedes ahora, empezaran a ganar los siguientes, ellos ganaron el trofeo del campeonato, ustedes ganaron un equipo que ganará campeonatos, porque ustedes son fuertes allá –me dijo señalando el campo de juego–, aquí –me dijo tocando mi frente–, y aquí –me dijo tocando mi corazón–. Ricardo –me dijo poniendo sus ojos frente a los míos y con sus manos en mis hombros–, se necesita mas que solo talento para ganar un partido de béisbol. –sentencio sonriendo con orgullo, levantándose y colocando la maleta de cascos y bats en su espalda–. Unos metros mas adelante se detuvo y añadió sin voltear.- Escríbele a Luciana.

La temporada siguiente salimos campeones, Pepe a pesar de su estatura se convirtió en nuestro cuarto bat, Javier se afirmo en los Lacayotes "pitucosclub", en verdad era bueno para el béisbol, nuestra hinchada empezó a crecer, y Lucianita llegaba a todos los juegos con su cartel “Vamos Bravos”, porque nosotros éramos bravos en el barrio y en la liga, éramos los Bravos de Cayma, los "Bravos Béisbol Club".

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